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lunes, 29 de junio de 2015

Manual de Vida de Epicteto

 

Porque el estoicismo -y Epicteto era estoico- no se diferencia mucho del zen. Más bien nada. Y es como si dijéramos "de perogrullo" pero, a la vez, nos recuerda cosas que olvidamos recordar.

Pincha en el enlace y podrás verlo y guardarlo como pdf
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o como un documento de Word
Aquí

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hipatia de Alejandría (honestidad)

Tengo que reconocer que (como a la gran mayoría, creo) es un personaje cuyo ejemplo me estimula cuando la realidad se empeña en querer que claudique ante lo más pragmático. Creo que fue  filósofa, en el sentido más auténtico del término. Y eso es hermoso y a largo plazo insustituible.

La verdad sobre Hipatia

Al morir como murió, entró en la leyenda. Fue la primera científica, filósofa neoplatónica y fiel a los dioses paganos. Un arquetipo femenino que a lo largo de la historia cada uno ha interpretado según sus necesidades sicológicas.



Hipatia nació en Alejandría, capital de la provincia romana de Egipto, hacia el año 355, o 370, según las ultimas investigaciones. No se tienen datos sobre su madre, pero sí sobre su padre, el filósofo y matemático Teón, que estimuló su educación para que fuera “un ser humano perfecto”. Recibió, pues, Hipatia una formación científica muy completa. Practicaba rutinas diarias para mantener un cuerpo saludable y una mente activa, en contraste con las mujeres de su época, apartadas del conocimiento y relegadas a los gineceos. Con el tiempo se convertiría en una mujer brillante, competente en todo, y, según se dice, muy hermosa. Pero no quiso casarse y permaneció virgen para dedicarse por completo a cultivar su inteligencia. Su padre trabajaba en el Sarapeo, institución fundada por Tolomeo I, el sucesor de Alejandro Magno, dedicada a la investigación y la enseñanza. Su biblioteca se consideraba hermana menor de la legendaria Gran Biblioteca de Alejandría, destruida en algún momento de los siglos III/IV. Allí vivían más de cien profesores fijos y muchos invitados. Hipatia estudió en el Sarapeo y formó parte de él hasta su muerte. Incluso lo dirigió hacia el año 400. También obtuvo la cátedra de filosofía platónica, por lo que sus amigos la llamaban “la filósofa”.

Maestra y discípulos

Hacia el año 400, Hipatia encabezaba a los filósofos neoplatónicos alejandrinos y se dedicaba con pasión a la enseñanza. A su casa acudían estudiantes de todo el Oriente Medio, atraídos por su fama. Llegaban de Cirene, Siria y Alejandría, de la Tebaida y de la capital del Imperio. Era una selecta escuela de aristócratas con alumnos paganos y cristianos, ninguno perturbado en sus convicciones por su maestra. Su discípulo preferido, el cristiano Sinesio de Cirene, expuso con elocuencia la devoción que la carismática Hipatia inspiraba a sus alumnos: “Madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado, tanto de nombre como de hecho”. Sinesio, que llegaría a ser obispo de Ptolemaida, mantuvo una intensa correspondencia con su maestra en la que se menciona a otros discípulos, desde Herculiano hasta Orestes, que era el Prefecto imperial al morir Hipatia… Todos ellos hijos de familias poderosas, muchos llegarían a ocupar altos cargos. Hipatia tenía un concepto aristocrático de la filosofía y no se interesó por las clases populares, ni empatizó con las mujeres. No tuvo discípulas. Su misión moral, a la que estaba entregada, la ponía muy por encima de su propio sexo. Se podía decir de ella lo que Empédocles, el pitagórico, decía de sí mismo: “En una ocasión fui dos cosas, hombre y mujer”.

Sobresaliente en ciencias 
En su época, el saber se consideraba un todo y no era raro que los filósofos fueran también científicos. Era su caso. Sabía matemáticas, astronomía, música... Sus escritos se han perdido, pero hay muchas referencias a ellos, gracias a sus discípulos Sinesio de Cirene y Hesiquio de Alejandría, el Hebreo. Su trabajo más extenso fue sobre álgebra: un comentario a la Aritmética de Diofanto, el padre de los números enteros, que incluía soluciones alternativas y nuevos problemas. También escribió un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio y colaboró con su padre en la revisión, mejora y edición de los Elementos de la Geometría de Euclides. Redactó también un Canon de Astronomía, y revisó las Tablas Astronómicas de Claudio Tolomeo.
También le interesaban los aparatos. Las Cartas de Sinesio recogen sus diseños para varios instrumentos, incluyendo un astrolabio plano que mejoraba los antiguos para medir la posición de las estrellas, los planetas y el Sol. Desarrolló un aparato para la destilación del agua, un hidroscopio para medir su presencia y su nivel y un hidrómetro que determinaba el peso específico de los líquidos. También se le atribuye la invención del aerómetro, para medir las propiedades físicas del aire u otros gases.

miércoles, 11 de junio de 2014

Sawabona



Existe una tribu africana que tiene una bonita costumbre. Cuando alguien hace algo perjudicial o errado, lo llevan al centro de la aldea y toda la tribu lo rodea.

Durante dos días todos le dicen las cosas buenas que ha hecho hasta el momento.

La tribu cree que cada ser humano viene al mundo como un ser bueno, deseando seguridad, paz, amor y felicidad. Pero algunas veces, buscando todo eso, las personas cometemos errores. Errores que la comunidad entiende como un grito de socorro.

Entonces la tribu se junta para ERGUIRLO, para reconectarlo con quien realmente es, hasta que recuerde quién es realmente: “soy bueno”. Hasta que recuerde totalmente la verdad que temporalmente había olvidado y de la que se había desconectado.

Sawabona le dicen y dicen que quiere decir: te respeto y te valoro. Eres importante para mí........
y tal vez por una simple lógica, quien sea que sea que se encuentre en esa situación, recupere la honestidad, el sentido del bien-común-y-propio-a-la-vez, el rumbo, el origen o lo que sea.......


Sawabona (si puedes, no dejes de hacerlo con cualquiera que, como tú y como, yo mete la pata)

recogido en http://blog.eltarrodeideas.com/eres-importante-para-misawabona/ que lo recogió de no sé dónde que lo encontró en algún lugar...


lunes, 5 de mayo de 2014

médicos, terapeutas, psicos de todo tipo, monjes y maestros...


La mayoría de las personas que me rodean son alguna de estas cosas: médicos, terapeutas, psicólog@s, psiquiatras, monjes y maestros, cabalistas, sacerdotes, bruj@s, chamanes y hechicer@s, dedicados todos a alguna de las nobles artes conocidas del enmendar, armonizar, equilibrar y corregir




Sea como sea, en algún momento todos ellos (todos nosotros) vamos a tener que plantearnos que

el buen médico es también filósofo (click para empezar con la reflexión)


viernes, 25 de abril de 2014

La conciencia tranquila

No podrás leer deprisa lo que sigue. Más bien despacio.
Es fácil que te incomode y te incomodes contigo mismo. Puede ser.


Donde tener la conciencia tranquila significa, las más de veces, tener la conciencia vacante o extinta o engañada, pues de otro modo no se explica que, ante los despropósitos de los que es testigo nuestra era, tanto en lo general como en lo particular, nadie, ninguno, confiese culpa alguna, ni acepte la parte que de ella pueda corresponderle. Nunca había visto yo tantas conciencias tranquilas en mis años.
Pues, ¿no es extraño que yendo las cosas tan mal como se ve, todos prediquen su tranquilidad de conciencia? ¿Cómo es esto posible? A ojos propios todos quedan excusados del universal desaire porque en sus actos todos actuaron de acuerdo a su conciencia, y si hubiera culpa, en todo caso será ajena. De esta forma, queda el actuar en conciencia como la norma moral imperante, pues no estando definida la conciencia sino muy vagamente, siendo palabra de prestigio, se acude a ella sin reparo alguno. Por tanto, para evitar las molestias del escrutinio moral, invoquen ustedes constantemente a su conciencia.

O esto suyo es una insensatez y un desacuerdo con la recta razón o bien estaré yo hablando así por padecer algún género de enfermedad espiritual, pues en lo mío, por más que me examino, más me duelen la pena de tantos errores cometidos por culpa enteramente mía, que el placer que acompaña a los actos presuntamente buenos, que nunca veo lo bastante buenos ni afinados. Y mientras la mayoría se ufana de “dormir muy bien por las noches“, yo entro en las mías con el ánimo contrito, porque en ese recogimiento previo al sueño me vienen a la mente las ocasiones de hacer el bien que durante el día he perdido y las ocasiones malhadadas por torpeza puramente mía, sin paliativos. La conciencia tranquila no es algo que tengo, antes bien, algo que quiero tener y no puedo porque no dejo de actuar contrariamente al Bien.

Sin embargo, a mi me parece que donde hay culpa ha de haber desazón y en la desazón, contrición, y esto a mi se me antoja muy acorde a la sanidad del alma pues está en su constitución natural la facultad de remorderse; este efecto nos intranquiliza y perturba a fin de conducirnos al arrepentimiento de donde se seguirán en el futuro, acciones muy mejores. A esta facultad llamaban los antiguos griegos “sindéresis” o “sindereia“, afirmando que es una chispa divina que, estando en nosotros, nos habla y nos afea las torpezas, como el daemon de Sócrates, que sólo le hablaba cuando hacía o decía algo impropio.

Mas hoy, el remordimiento que tortura el ánimo, no como castigo sino como impulso a buscar el perdón, perdón que es una bendición resolutiva, se esquiva con el enojoso argumento de la conciencia tranquila o muy tranquila, pues éste es baluarte donde no alcanzan las censuras, una piel de reptil sobre la que resbalan los consejos más probados; pues, una vez contado y pesado, tener la conciencia tranquila no es ni meritorio ni de presumir, lo meritorio es tener la conciencia recta, buena y sobre todo, inspirada por Dios. Y la prueba de ello arriba cuando no es uno quien afirma la rectitud de su conciencia (afirmación siempre temeraria), antes bien, cuando son los demás quienes, juzgándolo a uno, desean tomarlo como ejemplo, y desean emularlo en lo virtuoso. Pero esto ya nos llevaría a alargarnos demasiado.


y no sé de dónde lo saqué (y suscribí en el pensamiento y el arrepentimiento, de la cruz al punto). Sea como sea me pareció que estaba hablando de mí... pensándolo bien ¿no sería un texto de Ludovico el Rojo?

domingo, 19 de enero de 2014

fuerza y honor



........ Dedicado a mi hijo-Ru con el ruego de que los dioses le concedan la fuerza y el honor necesarios para continuar el nombre de su abuela.

.........a mi hijo-Ru al que concedieron la fortuna de ver entrar a su abuela -que ni era mi madre ni la madre de mi marido sino la madre de su madre- en la niebla de la muerte sin dolor ni miedo. Porque la muerte quiso compensar, y lo ha hecho, la injusticia de su vida.

En su honor porque tuvo la fuerza de cumplir con los valores fundamentales desde el principio hasta el final sin saltarse ni uno sólo de los días que la vida le concedió.

Para la abuela Evangelina que hizo el trabajo de vivir y también el de morir como corresponde a una mujer honesta: sin quejas ni ruido. 

Que descanse en paz y que la tierra le sea leve y la resguarde.

Y como buena escriba que me declaro, aquí va el texto del video para hacer con él lo que mejor os apetezca:

Éxito, reconocimiento, fama, gloria... muchos de nosotros luchamos por razones como éstas pero no puedes construir un buen nombre de un día para otro. Es necesario trabajar duro incluso si hay tropiezos y caídas. Es necesario superar los obstáculos. Es necesario tener motivación, perseverar e insistir. 

La vida es una sucesión de batallas. 

Trabajo, familia, amigos... todos tenemos un estatus actual. "Lo que hagamos en la vida, encontrará su eco en la eternidad" Y también expectativas para el futuro: "En tres semanas estaré cosechando en mi granja. Imaginen dónde estarán y así será". Y como siempre, los giros y las vueltas del destino nos sorprenden. 

"La grandeza es una visión". No siempre podemos hacer sólo lo que nos gusta pero aquellos a quienes les gusta lo que hacen siempre se sienten orgullosos de hacer lo mejor, haciendo más progresos día a día. 

Hay momentos de calma y frenéticos momentos decisivos. 

Cuando las buenas intenciones no son suficientes es cuando la vida nos demanda coraje, valentía y creatividad y un indiscutible espíritu de lucha. 

La verdad es que los problemas y los reveses suceden con más frecuencia de la que nos gustaría. 

Los tiempos cambian, llegan nuevos desafíos, nuevos objetivos. 

Los guerreros miran en los ojos del futuro sin miedo ni arrogancia pero con la confianza de quien está listo para la batalla. 

Vivir es también prepararse para las situaciones difíciles. El modo en que enfoquemos las dificultades es lo que hace la diferencia. A veces nos preguntamos cómo enfrentar los cambios radicales que se presentan frente a nosotros. Es como actuar en un nuevo escenario donde pensábamos que lo hacíamos bien. Ahora necesitamos aprender de nuevo. 

"Fuerza y honor" ¿Cómo luchar sin dejar atrás los valores fundamentales? y más, ¿cómo saber exactamente qué necesitamos hacer en el momento correcto?. 

Lo increíble es que precisamente durante las situaciones adversas muchos redescubren lo mejor de ellos mismos: ética, amistad, la capacidad para crear nuevas estrategias basadas en la experiencia, el talento para promover alianzas positivas, espíritu de liderazgo, la conciencia de que la fuerza reside verdaderamente en el trabajo en equipo... Todo esto aflora cuando las circunstancias lo exigen, cuando se sabe que existe un objetivo mayor a ser alcanzado. Claro que no es fácil abandonar hábitos, costumbres. No es fácil adaptarse a nuevos medios o emplear recursos con los que no estamos familiarizados pero todos los guerreros saben que el pesimismo y la inseguridad nos harán retroceder en momentos como estos. 

Aunque la amenaza venga de muchas partes, con agilidad, fuerza y determinación podremos alcanzar nuestros objetivos. La combinación de energía e inteligencia es como el equilibrio entre la emoción y la razón: son esenciales para el éxito. 

Es una sensación extremadamente agradable llegar al fin de una tarea con el sentimiento de un deber cumplido y recibir la consagración y el respeto de todos nuestros colegas, la admiración de las personas que amamos, escuchar nuestro nombre con orgullo, el orgullo de haber visto en los obstáculos, la oportunidad para crecer, el orgullo de quien sabe enfrentar las turbulencias de la vida y ganar, el orgullo de ser el ganador, quien no dejó los valores fundamentales.

Gracias a Laura Bg que lo encontró y con cariño para Valladares, esforzado seguidor del lema.

viernes, 1 de febrero de 2013

San Juan de la Cruz y Nada


Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.

Para venir a saberlo todo,
no quieras saber algo en nada.

Para venir a poseerlo todo
no quieras poseer algo en nada.

Para venir a serlo todo,
no quieras ser algo en nada.

Para venir a lo que no gustas,
has de ir por donde no gustas.

Para venir a lo que no sabes,
has de ir por donde no sabes.

Para venir a poseer lo que no posees,
has de ir por donde no posees.

Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

Cuando reparas en algo
dejas de arrojarte al todo.

Para venir del todo al todo,
has de dejarte del todo en todo.

Y cuando lo vengas del todo a tener,
has de tenerlo sin nada tener.



viernes, 2 de noviembre de 2012

El día de todos los santos


  
Esto es samhain, la noche de todos los santos y la sesshin de Egino porque, después de todo, da igual cómo lo nombremos, éste es uno de los momentos en que las fronteras entre los mundos se vuelven delgaditas y permeables. Y los hermanos se encuentran. Por eso...

... fueron llegando desde todos los puntos del tiempo. Del pasado, del presente y del futuro. Desde todos los puntos de la tierra: el norte, el sur, el este, el oeste y sus intermedios. Acudieron habitantes de los innumerables mundos, cada uno con su luz pequeña y una sola voluntad.

Llegaron hasta los que no llegaron porque no quisieron o no pudieron.

Confluyeron para construir, aunque ni lo supieran, el Templo en el centro del mundo. Así sumándose, pudieron deshacer el tiempo y sus actos pequeños hasta transformarlo en la eternidad que es desde el principio.  

Y lo sostuvo la Fuerza y lo coronó la  Belleza porque lo inspiró la Sabiduría.

El universo tiene paciencia para recibir a quienes rinden su tiempo y su vida. Los rescata del olvido susurrándoles  sus nombres verdaderos, recordándoles su promesa, que no puede ser incumplida, de volver a casa.

Tiene que esperar, y espera, la única respuesta posible. Secreta y sellada.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Aclaraciones sobre la "aceptación"


  
La inadecuada definición de conceptos que resultan importantes en nuestra vida puede provocar no poco sufrimiento innecesario. Es el caso de un concepto cuya definición acostumbrada crea confusión y, en la práctica, resulta contraproducente: la aceptación.

Solemos hacernos una idea bastante negativa de ella al equipararla con la resignación. 

"Aceptar -consideramos- es dejar las cosas como están, no movilizarse para cambiarlas, asumir que son y serán siempre así. Aceptar es tirar la toalla". De esta forma juzgamos, no sin orgullo, que hay cosas inaceptables, que, incluso por cuestión moral, no han de ser jamás aceptadas.

Tomemos una actitud filosófica y adentrémonos en un nivel de mayor sutileza: ¿es posible cambiar algo sin tomar conciencia de ello y sin tenerlo presente, sin mostrarse capaz de atender a ello con el fin de conocerlo y ponerle remedio? 

Aceptar es previo a toda acción o inacción: es, sencillamente, tener la disposición de mirar y ver lo que pasa, de abrir la conciencia a lo que efectivamente está teniendo lugar; es no negar lo que existe, reconocer que lo que es, es. 

Pero sucede que el humano no siempre gusta de ver lo que hay. A veces dolorosísimo, nos cerramos por ello a verlo: "No, me niego, esto es demasiado doloroso, no puede ser, esto no debería estar ocurriendo, es inaceptable". Sí, doloroso, pero ello no me exime del hecho de que es, por lo que, cuanto más de cerca lo miremos, en mejor disposición nos hallaremos de poder modificarlo, pues, ¿cómo poner remedio a algo si cuando lo consideramos entramos en una indignación cegadora? Tal reacción de lucha contra algo que está siendo ya -de lucha en el aire pues lo que es ya no puede volver atrás-, no evita el dolor sino que lo agrava; y no permite el remedio, lo obstaculiza.

Por tanto, aceptar no equivale a resignarse. Todo lo contrario: no hay cambio posible sin aceptación. Y es que aceptar algo es reconocer que algo es, aquí y ahora, lo cual es compatible con admitir que a uno no le agrada o que le parece mal. Y buscar los remedio para ponerle fin.

Resignarse es, sin embargo, aceptar el presente sin la pretensión de movilizarse para producir un cambio, es decir, implica también la asunción del mismo hecho en el futuro: quietismo.

Esta confusión entre aceptar y resignarse tiene terribles consecuencias en nuestras vidas. El hecho de no aceptar lo que me ocurre me impide avanzar y me bloquea porque el resistirse a aceptar, a reconocer el estado de cosas actual, es huir de todo ello; es no querer mirarlas a la cara, no atreverse a situarse frente a ellas pues no resultan del agrado de uno, lo cual equivale a centrarse en el "no me gusta" y anteponerlo al "es".

Aceptar no implica necesaria y obligatoriamente "gustar", pero sí "constatar". La aceptación ontológica (del estado de cosas, de la realidad tal y como es) no significa ni conlleva aprobación subjetiva o aceptación moral. El confundir estas dos dimensiones provoca que terminemos resistiéndonos a los hechos, luchando para que las cosas que ya son, no hubieran sido. Pero tal cosa no está en nuestro poder: es nuestra potencia ver y contar con lo que hay y, sólo después, actuar según consideración.

El bien y el mal, el placer y el dolor, lo que me gusta y lo que no, pertenecen a un nivel bien posterior al ontológico (el plano del ser), base que nos viene dada y de la que hemos de partir. Las consideraciones subjetivas, si bien es legítimo poseerlas, no deberían anteponerse al reconocimiento de lo que es.

Si me niego a reconocer la existencia de algo sobre la flaca base de que no me gusta, me estoy cerrando el camino a encontrarle una solución. Y es que la aceptación es el camino de salida a todo problema: en el momento de detenerse a mirar lo que pasa, a aceptarlo, se encuentra la clave de toda transformación. Esto quiere decir que, si frente a una situación dolorosa, me dejo vivirla, ello me dará los instrumentos necesarios para salir de ella. Pero, y con nueva paradoja, si busco la aceptación por el cambio (para cambiar) ni busco realmente la aceptación ni encuentro el cambio. Esto es: no sólo el cambio necesita de la aceptación, además ésta requiere, para ser verdaderamente tal, que cese la pretensión del cambio. Es decir: dirigirse a lo real por lo real.

Lo primero que hay que hacer es dejar de querer cambiar las cosas a toda costa. Hay que detenerse ante ellas, ponerse de parte de lo real, de lo que es aquí y ahora.

Así pues, la verdadera aceptación es aquella que se busca por sí misma, aunque, y precisamente por esta actitud desinteresada de los resultados, traiga grandes frutos consigo.

El movimiento profundo propuesto por la aceptación es, parafraseando a Mercedes García Márquez, "rendirse a lo real y, después, dejarse guiar por lo real"
Teresa Gaztelu (filósofa)

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Teresa de Calcuta




Dicen que a la Madre Teresa de Calcuta le pasó en los últimos tiempos que se llenó de dudas, que dejó de ver, que quiso parar, que no tenía ánimo más que para reproches y blasfemias. Y que estaba asustada, muy asustada. Aburrida, cansada, asqueada, inútil y estéril.

De todos modos no paró. No lo hizo. Continuó aunque la confianza la había abandonado. Continuó aún cuando no encontrara ningún motivo personal (ni “cósmico”, seguramente) para hacerlo. Un día y otro y otro más a lo mejor creyendo que lo importante no es lo que uno siente sino lo que hace y regala.

Dicen que de tanto sufrimiento con el que se rozaba perdió la fe en el Espíritu y que “harta ya de estar harta ya se cansó”. Dicen que sufrió de sinsentido y desesperanza. Y que gritaba en sus cartas pidiendo consuelo, socorro y certezas a sus confesores que no sabían qué hacer por ella.

Y después murió y no fue la muerte de una santa aunque lo pareciera. O tal vez sí porque fue fiel mucho más allá de la fidelidad serena y deliciosa de los bendecidos por la gracia de la Fe.

viernes, 24 de agosto de 2012

Nasrudín


¿Sabéis de qué voy a hablar?


Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia qué decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que tengo para decirles.

La gente dijo:

-No, no... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡si, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:

-Qué inteligente.
-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero... qué breve.

Y otro agregó:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero... mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, que los que saben... se lo cuenten a los que no saben.

Se levantó y se fue.

lunes, 20 de agosto de 2012

Thoreau, el padre de la desobediencia civil



"Si un hombre se pasea por el bosque por placer todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán. Pero si se dedica todo el día a cortar el bosque dejando la tierra árida, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor".

Henry David Thoreau decidió en 1845, a la edad 28 años y después de terminar sus estudios en la Universidad de Harvard, instalarse en una cabaña construida por él mismo en medio de un bosque próximo a la pequeña localidad de Concord, Massachusetts.


Utilizó para levantar su pequeña vivienda de 2x3 metros junto al lago Walden los troncos que él mismo taló, instalándose allí durante los siguientes dos años de su vida, cultivando su propio huerto y dedicando la mayor parte de su tiempo a pasear y observar la naturaleza. Realizó trabajos de carpintería, jardinero, pintor de brocha gorda entre otros, pero siempre bajo su filosofía de vida de no dedicar a ello más que lo imprescindible para procurarse lo mínimo necesario.

Esta experiencia inspiraría su obra más conocida, Walden o la vida en los bosques. En ella, junto a una crítica feroz al modelo de vida en el que el hombre vive esclavizado procurándose cosas que en su gran mayoría son prescindibles, narra en un tono cargado de poesía sus solitarios paseos por apartados bosques, montañas, llanuras, lagos y ríos, sumergiéndose en un estado de contemplación que lo llevará a una visión mística de la belleza y misterios de la naturaleza. En el siguiente texto perteneciente a un corto capítulo de Ejercicios espirituales y filosofía antigua, su autor Pierre Hadot hace una lectura de la obra y vida de Thoreau en la que descubre muchos puntos en común con la filosofía de estoicos y epicúreos de la Antigüedad Occidental. Verá en él también a alguien que practicó de forma activa y consecuente su ideal filosófico, a diferencia del modelo actual de profesor de filosofía que transmite sus enseñanzas desde la teoría.

"En la actualidad hay profesores de filosofía, pero no filósofos..."
Pierre Hadot

Resulta destacable que las primeras páginas de Walden estén dedicadas a la crítica de la vida cotidiana. Thoreau la describe irónicamente como una penitencia peor que la ascesis de los brahmanes, peor que los doce trabajos de Hércules. Los hombres llevan vidas insensatas. Sus existencias transcurren entre la ignorancia y el error, absorbidos por preocupaciones ficticias y tareas inútilmente pesadas. Son como máquinas, herramientas de sus propias herramientas. Su existencia está caracterizada por la angustia o por la resignación.

La causa del sufrimiento de los hombres, a juicio de Thoreau, es su ignorancia sobre lo que resulta necesario y suficiente para vivir, es decir, sencillamente lo que se requiere para mantener el calor vital. "La necesidad primordial de nuestros cuerpos es mantenerse calientes, conservando en nuestro interior el calor vital". De hecho, tal como demostraría más tarde, el hombre necesita pocas cosas para conseguirlo, y desde luego ningún lujo. "La mayor parte de lujos y una gran parte de eso que se ha dado en llamar confort vital no son sólo cosas nada indispensables, sino también verdaderos obstáculos para el progreso de la humanidad". Para convencerse de ello basta con recordar la forma de vida de los filósofos chinos, indios, persas y griegos, pobres en lo que se refiere a riqueza exterior pero sobrados de riqueza interior. Se trata de ejemplos hoy día muy alejados de nosotros, pues, continúa Thoreau, "en la actualidad hay profesores de filosofía, pero no filósofos". Y es que según él, "ser filósofo no supone sólo pensar de manera sutil, sino amar lo bastante la sabiduría como para llevar una vida sencilla e independiente, en la generosidad y en la confianza". "Filosofar consiste en resolver algunos de los problemas que nos plantea la vida, pero no sólo de manera teórica, sino de manera práctica".

Thoreau aprovecha la ocasión para atacar a los profesores de filosofía, esos importantes eruditos y pensadores cuyo éxito no es más que "algo propio de cortesanos, que nada tiene que ver con la realeza ni con la virilidad", puesto que al contentarse con permanecer en la esfera del discurso teórico animan a los hombres a seguir viviendo de modo absurdo. La vida de tales filósofos está marcada por el puro conformismo, dejando que la humanidad continúe degenerando por culpa del lujo. Por su parte Thoreau se presenta implícitamente como verdadero filósofo, "aquel que no se alimenta, ni se abriga, ni se viste ni calienta como sus contemporáneos". Y termina su exposición ciertamente con un punto de ironía, definiendo al filósofo de una manera que puede dejarnos atónitos: "¿Cómo se puede ser filósofo si uno no conserva su calor vital por medios distintos al del resto de los hombres?". Y para mantener su calor vital no tiene necesidad de realizar grandes esfuerzos. Para satisfacer sus necesidades, Thoreau ha calculado que sólo debe trabajar seis semanas al año: "Ganarse la vida no supone ningún castigo, sino un pasatiempo siempre que vivamos de manera sencilla y sabia".

Thoreau se va a vivir al bosque no sólo, como resulta evidente, con el fin de conservar su calor vital del modo más económico posible, sino en busca de "una vida sin odio, dedicada exclusivamente a las cosas esenciales de la existencia, aprendiendo cuanto ésta tiene que enseñarme a fin de que, llegado el momento de morir, descubra que realmente he vivido. Desearía vivir del modo más profundo, extrayendo de ella todo el jugo posible". Y entre los actos esenciales de la vida se encuentra el placer de percibir el mundo mediante todos los sentidos. A esto dedica la mayor parte de su tiempo Thoreau en el bosque. Uno no se cansa de releer el sensual comienzo del capítulo llamado "Soledad": "Una noche deliciosa en la que el cuerpo en su totalidad se transforma en una especie de nuevo sentido, percibiendo las sensaciones por todos sus poros. Circulo con extraña libertad entre la naturaleza, convertido en parte de ella. Mientras paseo a lo largo de la orilla pedregosa del lago, en mangas de camisa a pesar del frescor, el cielo nuboso y el viento (...), todos los elementos me resultan sorprendentemente cercanos. La simpatía con las agitadas hojas de los alisos y de los álamos casi me hace perder la respiración; no obstante, al igual que le sucede al lago , mi serenidad se eriza sin turbarse". En este capítulo, "Soledad", Thoreau quiere demostrar que, incluso en soledad, nunca está solo porque tiene conciencia de estar en comunión con la naturaleza: "Circulo con una extraña libertad entre la naturaleza, convertido en parte de ella". "Cualquier objeto de la naturaleza puede proporcionarnos la compañía más agradable, tierna y estimulante". De este modo, nota en el simple sonido de unas gotas de lluvia "una benevolencia tan inabarcable como inconcebible". Todas y cada una de las pequeñas hojas del pino le tratan como amigo, sintiéndose en familia incluso cuando la naturaleza le muestra las escenas más desoladoras y terroríficas. "Por qué habría de sentirme solo? ¿Acaso nuestro planeta no está en la Vía Láctea?" De esta forma su consciencia del mundo se extiende hasta alcanzar una suerte de consciencia cósmica.

Todo cuanto he dicho hasta el momento demuestra destacadas similitudes con la filosofía de Epicuro, pero también con algunos aspectos del estoicismo. En primer lugar encontramos en el epicureísmo esa crítica del modo habitual de vivir de los hombres que hemos visto aparecer en las páginas iniciales de Walden. "El género humano, dice Lucrecio, trabaja sin sacar el menor beneficio de ello, siempre a fondo perdido, y se consume en vanas preocupaciones". Según los epicúreos de los que habla Cicerón, los hombres son desgraciados por culpa de sus inveterados deseos y su ansia de riqueza, gloria y poder. "Algún día, cuando sea demasiado tarde, los hombres se darán cuenta de que es inútil su ansia de dinero, de poder y de gloria (...). Su existencia no es más que una serie ininterrumpida de tormentos". La salvación reside según Epicuro en el discernimiento entre deseos naturales y necesarios, esos deseos relacionados con la conservación de la vida, deseos exclusivamente naturales, como el placer sexual, y aquellos otros que no son ni naturales ni necesarios, como el de la riqueza. La satisfacción de los primeros basta, en principio, para garantizarle al hombre un placer duradero, y por lo tanto la felicidad. Lo que es tanto como decir que para Epicuro la filosofía consiste esencialmente, al igual que para Thoreau, en saber conservar el calor vital de modo más sabio que los demás hombres. Con cierto deseo de provocación, similar al de Thoreau, una sentencia epicúrea declara en efecto: "El grito de la carne: no tener hambre, sed ni frío. Quien goce de este estado y de la posibilidad de gozar bien puede rivalizar en felicidad con el mismo Dios". La felicidad resulta, pues, fácil de alcanzar, tal como sugiere cierta sentencia epicúrea: "Démosle gracias a la benefactora naturaleza, que ha hecho que las cosa necesarias resulten fáciles de alcanzar y que las cosas difíciles de conseguir no resulten necesarias". "Todo cuanto es natural es fácil procurárselo, y todo cuanto es puro vacío trabajoso de conseguir". La actividad filosófica consiste por lo tanto en contentarse simplemente con "no tener hambre ni frío".

Pero todavía en mayor medida que para Thoreau, la filosofía según Epicuro no se reduce simplemente a mantener el calor vital del modo más económico posible. El filósofo epicúreo aspira a liberarse de toda preocupación y deseo inútil para así poder dedicarse, al igual que Thoreau, a los actos esenciales de la vida, al placer de sentir y existir.

Quien no padece hambre, sed ni frío puede rivalizar con el mismo Dios porque, justamente, al igual que Dios, puede gozar sin trabas de su conciencia de existir, pero también del simple placer de percibir la belleza del mundo, placer que es por ejemplo evocado del siguiente modo por Lucrecio: "De esta manera el cuerpo precisa de pocas cosas... Nos basta con estar entre amigos, tumbados en la tierna hierba a orillas de alguna corriente fluvial y a la sombra de un árbol, pudiendo con poco gasto apaciguar agradablemente nuestra hambre, en especial cuando el tiempo nos sonríe y la primavera esparce sus flores entre las verdosas hojas".

La actitud epicúrea hacia las cosas no duda por lo demás en ir bastante más lejos. Pretende la inmersión, incluso, en la infinitud del universo. En sintonía con el mensaje de Epicuro escribe Lucrecio, "los muros del mundo se desvanecen; a través de la inmensidad del vacío puedo ver cómo son creadas las cosas. La tierra no me impide distinguir todo cuanto bajo mis pies surge de las profundidades del vacío. Entonces, ante semejante espectáculo, se apoderan de mí una especie de voluptuosidad divina y un estremecimiento...". Tal presencia del cosmos se encuentra también, como hemos podido ver, en Thoreau, que no olvida que ese sol que hace crecer las judías ilumina al mismo tiempo una constelación de mundos como el nuestro, y que nunca se siente solo puesto que, según él, nuestro planeta está integrado en la Vía Láctea.

Con su traslado a Walden, Thoreau ha tomado la decisión de vivir según lo que podría llamarse una forma de vida epicúrea. Con esto no estoy insinuando que era del todo consciente de disfrutar de una forma de vida epicúrea, sino que estaba recuperando, quizá de la manera más espontanea e inconsciente, quizá influido por determinados textos antiguos y modernos, aquello que Epicuro y sus discípulos habían practicado y enseñado.

 Podría decirse que, del mismo modo que existe una especie de estoicismo universal, existe también una especie de epicureísmo universal, es decir, una actitud permanente, siempre posible, por la cual el hombre, recurriendo a cierta disciplina y reduciendo sus deseos, puede devolver los placeres -mezcla de pena y sufrimiento- al plano del simple y puro goce de existir.

Sin embargo aparecen en Thoreau algunos matices que no tienen demasiado que ver con la actitud epicúrea. Por una parte, Thoreau reivindica la soledad. Pero según el epicureísmo no puede haber auténtico placer si no es compartido con los amigos: sólo junto con sus compañeros epicúreos Lucrecio puede disfrutar de su frugal comida sobre la fresca hierba primaveral. Por otra parte, el epicureísmo no aboga por el sentimiento de comunión y fusión con la naturaleza, sino solamente por la contemplación de la infinitud cósmica y la eternidad de la naturaleza inmutable. Tal sentimiento de comunión, de solidaridad con la naturaleza, recuerda mucho más a la sensibilidad estoica.

El estoicismo, para el que todo está en todo, intenta en efecto tomar consciencia del hecho de que el hombre es una parte dentro del Todo cósmico. Como afirma Séneca, el sabio "se sumerge en la totalidad del mundo": toti se inserens mundo. Otros caracteres estoicos de la obra de Thoreau serían esa gozosa aceptación, profesada a lo largo de las páginas de Walden, de la naturaleza y del universo en sus más variados aspectos, ya sean éstos delicados, terroríficos o repulsivos, y la idea de que cada uno cumple la función cuando son considerados desde la perspectiva de la totalidad: "Esta suave lluvia que rocía mis judías y que me impide pasear hoy no es triste ni melancólica, pues también me es beneficiosa (...); si dura lo suficiente (...) para estropear las patatas en los bajíos, sería no obstante buena para la hierba de las mesetas: y si es buena para la hierba, también es buena para mí". "Estas judías producen ganancias que no debo recoger yo. ¿No son acaso en parte sus frutos para las marmotas?". Por eso una cosecha o una recolección nunca se pierde del todo, pues siempre le aprovechará a algún ser. "El buen cultivador no debe pues inquietarse (...) y terminar cada día su labor, renunciando a cualquier derecho sobre el producto de sus campos y sacrificando en su espíritu no sólo los primeros frutos, sino también el resto". (...)

La experiencia narrada en Walden me parece, pues, en extremo significativa para nosotros, porque al decidir Thoreau vivir en el bosque durante cierto tiempo pretende realizar un acto filosófico, es decir, entregarse a cierta forma de vida filosófica que implica el trabajo manual y al mismo tiempo la pobreza, pero que le propone también una visión del mundo inmensamente ampliada. Se comprende mejor, como hemos visto, el carácter de esta decisión, de esta elección vital, si se compara con la forma de vida filosófica que se impusieran los filósofos antiguos.

Por lo demás, el mismo Walden, es decir, el relato de Thoreau sobre la manera en que ha llevado a cabo esta práctica y este ejercicio filosófico, supone un tipo de discurso filosófico que, por admirable que sea, pertence a un orden muy distinto, a mi juicio, al de la propia filosofía, es decir, a la experiencia realmente vivida por Thoreau.

El verdadero problema no estriba en la escritura, sino en la vida en el bosque, en ser capaz de soportar semejantes experiencias, tan complejas en su aspecto -la vida en el bosque- como en su aspecto contemplativo y, podría decirse, místico -la inmersión en el seno de la naturaleza-. Dicho de otro modo, el acto filosófico trasciende el marco de la obra literaria que le sirve de expresión; y éste no puede expresar por completo todo cuanto Thoreau ha vivido. Hugo von Hofmannsthal afirmaba: "No se puede nunca decir de una cosa todo lo que es".

Creo que se puede descubrir en Thoreau cierta alusión furtiva al carácter
inexpresable de la transformación de la cotidianeidad operada por la filosofía cuando escribe: "Los hechos más sorprendentes y significativos no pueden jamás comunicarse a los demás. El verdadero fruto de mi vida cotidiana es de algún modo tan intangible e indescriptible como los colores de la mañana y del atardecer. Lo que se capta tiene algo de fulgor estelar, de fragmento de arco iris que he podido aferrar al paso".



de Fragmentalia

lunes, 25 de junio de 2012

Pensamiento mágico



Que no sé qué le ha dado a todo el mundo con el pensamiento mágico que es como que le tienen alergia.

Aparente. Porque bien que ciñen las muñecas con amuletos de todo tipo, sitúan piedras energéticas de chakra en chakra con los colores adecuados a cada uno, abrazan árboles, se encomiendan a Santa Bárbara cuando truena, anudan a su cintura mandiles (masones) y cordones (franciscanos, aunque últimamente a Rafu se le ve con uno de ellos), cuelgan del cuello cruces, se adornan con cascabeles chamánicos o, si han cambiado de tercio y de occidente han pasado a venerar el oriente...

Como sí soy de las del pensamiento mágico, antiguo y aceptado (encantada), me lo puedo permitir. Incluso me puedo permitir ninguna de esas cosas si se diera el caso. No es que domine del todo los dos pensamientos pero me apaño más o menos y más o menos tengo claro cuándo procede uno y cuándo procede el otro.

Para las cuestiones económicas no valen las señales celestes, en general, pero, pongamos por ejemplo, si he perdido algo importante y lo he buscado con toda mi racionalidad y de todos modos se escabulle... ahí voy con las ayudas sobrehumanas, que ya hemos quedado en que no sobrenaturales, y entonces un padrenuestro a San Antonio que todo lo encuentra, lo dejo trabajar en paz y tranquilo y... ¡bingo! no pasa mucho tiempo sin que aparezca.

Dicen que es un santo tacaño y que exige que se le compense con un donativo. Bueno, yo nunca le he pagado con nada más que con otro padrenuestro, siempre sorprendido y agradecido por la ayuda.

Como lo digo en alto muchas veces por ser fan y grouppie del santo, suelo ser blanco de risas y comentarios de más de una sobremesa. Quieren convencerme aportando datos racionales, explicaciones psicológicas...... vale, que sí, que también. Pero de todos modos.

Y tengo una buena colección de magias cotidianas de lo más espectacular :)

viernes, 3 de febrero de 2012

Pitágoras y el zen

                  
Originalmente, los pitagóricos no estaban tan interesados en las doctrinas establecidas (en su tiempo) como en otra cosa: algo que no solo toleraba la creatividad y la originalidad sino que las fomentaba, las alimentaba y guiaba a la gente hasta sus orígenes. Por este motivo, la tradición pitagórica ha conseguido ser tan esquiva. Por eso era también tan abierta y se mezclaba con otras tradiciones, desafiando nuestras ideas modernas de ortodoxia o autodefinición.

Ahí tenemos la prueba que demuestra en qué medida los círculos pitagóricos valoraban la libertad individual y creativa. (...)

Convertirse en pitagórico no era una cosa baladí: no consistía en llegar, aprender y marcharse. El proceso afectaba aspectos del ser humano tan alejados de la experiencia ordinaria que sólo pueden describirse en términos abstractos, aunque, en realidad, no tuvieran nada de abstractos.

Puede decirse que trataba de lo que más tememos. De enfrentarse al silencio, de no tener otra opción que renunciar a las opiniones y teorías a las que nos aferramos, de no encontrar siquiera nada que las sustituyera durante años enteros.

Daba la vuelta a la vida de cualquier individuo, la ponía del revés. Y, durante este proceso, el vínculo entre maestro y discípulo era esencial. Por este motivo, se consideraba como la relación entre un padre y su hijo adoptivo. Tu maestro se convertía en tu padre, igual que en la iniciación a los misterios. Convertirse en pitagórico equivalía a ser adoptado, introducido en una gran familia.

El trasfondo del tipo de adopción de los pitagóricos era muy sencillo. En esencia, consistía en un proceso de renacimiento, de volver a ser un niño, un kourós. Y esta situación implicaba algo más de lo que parece a primera vista.

Los hechos de la herencia biológica no se borraban ni eliminaban. Seguían vigentes y tenían una validez obvia. Pero, además, se creaba algo nuevo.

La adopción no era sólo parte de un misterio. Era también un misterio en sí misma. Suponía la iniciación en una familia que existe en un nivel distinto al que estamos acostumbrados. Exteriormente, seguían vigentes todos los vínculos con el pasado. Y, sin embargo, interiormente se tenía conciencia de pertenecer a otro lugar en mayor medida de lo que es posible pertenecer a un lugar en este mundo, de ser apreciado de manera más íntima de lo que es posible que lo sea cualquier humano.

En cuanto a las personas que desempeñaban el papel de maestro e iniciador, podían parecer bastante humanas, pero el papel que desempeñaban iba mucho más allá del de un progenitor humano (...). En sus manos, uno moría para todo lo que era, para todo aquello a lo que se había aferrado como si fuera toda su existencia. Por este motivo algunas veces se los denominaba -cuando eran hombres- "padres verdaderos" y el énfasis se ponía en la palabra "verdadero". Desde el punto de vista de los misterios, la vida ordinaria que conocemos sólo es un primer paso, un preliminar para otra cosa completamente distinta (tal vez igual pero no idéntica?).

Entre los primeros pitagóricos, la importancia que se concedía a este proceso de interacción entre el "progenitor" y el "hijo", de transmisión entre uno y otro, era fundamental. Conducía a tremendas exigencias éticas. Y estas exigencias no siempre eran obligaciones formales: muchas veces tenían que intuirse. Incluso las leyendas pitagóricas reflejan todavía la necesidad que a veces se podía sentir de estar físicamente presente en el lecho de muerte del maestro.

Pero, más allá de los detalles, hay un hecho central: el maestro es un punto de acceso a algo que está más allá de él mismo. Y tras un maestro, hay todo un linaje de maestros, uno tras otro. La enseñanza se transmitía de generación en generación, paso a paso, con frecuencia en secreto y algunas veces en circunstancias de inmensa dificultad.

El resultado era absolutamente paradójico. El discípulo ponía su vida, e incluso su muerte, en manos de su maestro. Y, sin embargo, se entregaba a nada. Se convertía en parte de un vasto sistema, pero a través de ese sistema encontraba una creatividad extraordinaria. Se convertía en miembro de una familia indescriptiblemente íntima y totalmente impersonal.

Cada maestro parecía tener un rostro, pero, en realidad, no lo tenía: era sólo un eslabón en una cadena de tradición que se remontaba hasta Pitágoras. Y el mismo Pitágoras carecía de nombre. Los pitagóricos evitaban mencionarlo porque su identidad era un misterio, de la misma manera que con frecuencia evitaban dirigirse unos a otros por su nombre o pronunciar el de los dioses. (...).

("En los oscuros lugares del saber" Peter Kinksley, historiador)
  

miércoles, 18 de enero de 2012

El Gran Silencio

     
Llevaba mucho tiempo detrás de esta película. No es la que mejor se ve ni está en castellano pero os podéis hacer una idea. Me removió. Por eso la dejo aquí.

Es preciosa como es precioso el Silencio.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Solsticio de Invierno


San Juan de Invierno.

Aquello que es adorado como luz inaccesible no es luz material, cuyo opuesto es la oscuridad, sino la luz absolutamente simple e infinita en la que la oscuridad es luz infinita.

Nicolás de Cusa

martes, 11 de octubre de 2011

Txalaparta





Pertenezco por sangre y elección a un pueblo rudo y un tanto bronco. Con un idioma pobre en sutilezas que nombra tan solo lo que de verdad importa y es vital. Que asegura que euskaldun es aquel que habla y comprende el euskera, da igual quien sea o dónde haya nacido puesto que se sabe que podemos nacer, si queremos, en cualquier lugar. Y tenemos fama de resolver las cosas cuerpo a cuerpo. Sellamos los pactos de la palabra dada, compartiendo comida, risa y canciones a coro de voces hermanadas. Y cuando dos hombres y cuatro manos hacen sonar la txalaparta como si fueran millones, enmudecemos.

Igual que cuando, al término de una sesshin el espíritu se ha puesto de acuerdo con el Espíritu. Hablando el mismo idioma íntimo y básico.

La txalaparta y yo: una relación apasionada. Y un homenaje a mi padre de quien aprendí tantas cosas hermosas que no tienen palabras. Más bien sonido de cascadas de agua. (Como los hijos de Kopetz)

martes, 9 de agosto de 2011

Las reglas del Camino

 
I. El Camino se recorre a plena luz del día arrojada por quienes saben y guían. Nada puede ocultarse y, en cada recodo, el hombre debe enfrentarse a sí mismo.

II. En el camino se revela lo oculto. Cada uno ve y conoce la villanía del otro en el otro y en uno mismo. Sin embargo, a pesar de esa gran revelación, nadie retrocede, no se desprecian mutuamente, ni vacilan. El Camino sigue adelante.

III. Este Camino no se recorre solo. No hay prisa ni apremio. Sin embargo, no hay tiempo que perder. Cada peregrino, sabiéndolo, apresura su paso y se encuentra rodeado por sus semejantes. Unos van adelante, él los sigue. Otros se quedan atrás, él les marca el paso. No camina solo.

IV. Tres cosas debe evitar el Peregrino:
- llevar un capuchón, un velo que oculte su rostro a los demás
- un cántaro que sólo contenga suficiente agua para su propia necesidad
- un báculo sin orqueta a la qué aferrarse.

V.Cada Peregrino en el Camino debe llevar consigo lo que necesita:
- un brasero para dar calor a sí mismo y a sus compañeros.
- una lámpara para alumbrar su corazón y mostrar a sus semejantes la naturaleza de su vida oculta.
- oro en una talega, que no lo malgaste en el Camino, pero lo comparta con los demás.
- una vasija sellada donde guarda todas sus aspiraciones para ofrendarlas a los pies de Eso que espera darle la bienvenida en el Portal.

VI. A medida que recorre el Camino, el Peregrino debe tener el oído atento, la mano dadivosa, la lengua silenciosa, el corazón casto (que no es lo mismo que célibe), la voz limpia, el pie rápido y el ojo abierto para ver la Luz.

Sabe que no camina solo.

+ o -, un poco traducido de http://almabetania.blogspot.com/2010/03/el-peregrino-las-reglas-del-camino.html, que tampoco sé de dónde lo sacó pero que se ajusta, se ajusta...
  

jueves, 4 de agosto de 2011

Revoltijo

 
 



Lo igual y diferente
porque todo es lo mismo con diferentes formas y colores.
Me encanta Kandinsky y esta imagen no es de ninguna manera lo mejor.
Este sitio, como reza la cabecera, es no oficial por muchas razones.

Una es que quien elige los copypaste, enlaces, temas, cuentos y canciones soy yo según mi historia personal,  gustos y pareceres; no es ningún maestro certificado ni sin certificar.

Otra es que practico zazen y punto y hasta ahí. No soy monja, no soy boddhisattva, no soy nada de nada aunque pueda parecer extraño (y lo es) después de tantísimos años perteneciendo a la “Orden”.

Otra es que de la misma forma que casualmente tropecé con el Zen, también me he dado de manos a bruces con otras tradiciones que antes de conocerlas detestaba y despreciaba sin más motivo que ningún motivo: masones, cristianos, cabalistas y sufíes por nombrar los más famosos pero por ahí también ha habido más de un chamán de pacotilla de los de engañar poniendo cara de interesante y haciendo mil pases de manos extravagantes, wiccanos, brujas y magos en minúsculas aunque también he encontrado una Bruja y un Mago en mayúsculas que menos mal que los tengo como amigos porque como enemigos me doy por muerta antes de que desplieguen el más pequeño de sus poderes (esas cosas existen y operan por mucho que yo me empeñe en racionalizalas e incluso descartarlas como fantasías todo lo que puedo que es bastante).

Y me reconozco occidental con todo lo bueno y lo regular que pueda tener.

No puedo negar, ni ganas que tengo, cierta querencia norteña y caballeresca (en conclusión: friki) que me puede a la hora de sentir y expresarme además del gusto por la simbología y el esoterismo que, a excepción del zen, me regalaron las tradiciones ya mencionadas.

Todo eso lo he bebido, comido y lo digiero poquito a poquito, con tiempo porque la digestión y asimilación requiere su tiempo, ritmo y forma.

Algunas marcas han sido tan importantes en mi vida como el Zen y a veces -las menos que puedo para no dar la lata con cosas que me interesan a mí exclusivamente- no puedo aguantarme y cuelgo algo de ellas que me parece especialmente revelador.

Guénon es uno de los autores que más veces me ha abierto los ojos y más alegrías me ha dado pero hay otros. Por ejemplo Toshihiko Izutsu que tiene dos volúmenes deliciosos y no muy extensos sobre sufismo y taoísmo o Peter Kingsley (“En los oscuros lugares del saber”). A Tolkien le considero hermano por compartir un sueño recurrente, el de “la Gran Ola” y Úrsula K. LeGuin ha escrito las cosas que yo hubiera querido escribir y como las hubiera querido escribir si hubiera sabido hacerlo...

Quiero decir que estoy hecha de una pasta que no es puro Zen sino un conglomerado de mil cosas y colores.

Al contrario de la gran mayoría de los compañeros de sangha (si tengo que atenerme a lo que dicen en voz alta) me sé y reconozco religiosa sin ninguna vergüenza puesto que para mí fue semilla, plataforma y trampolín.

Lo cierto es que creo que todo lo dicho es palpable en las entradas de elaboración propia pero lo aclaro por si  acaso.

Por consiguiente, y aunque me esfuerce, no todo lo que hay aquí es doctrina Zen, ni mucho menos, en el caso de que semejante cosa existiera -que no estoy segura del todo-.
  
Ve con cuidado y discrimina porque lo que fue y es bueno para mí no tiene por qué serlo para nadie más. O sí y todo sirve para la Vía...
 
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